Volví.

   Estuve tres meses de viaje, 90 días simulando vivir en otro lado, haciéndome la independiente y adulta. Viví 23 semanas con tres husos horarios distintos, “buen día allá y buenas noches acá”. Experimenté el famoso y envidiado “jet lag”; todos sabemos que es envidiado porque significa que estás viajando, que cambiaste tu rutina un poco, que probablemente te estés manejando con otra moneda, otro billete, otra característica telefónica y vivas a puro Wifi robado. Cambiar de climas, de paisajes y de culturas. Entender que el mundo es mucho, pero mucho más que tu habitación, la casa de tu mejor amiga y la manzana donde paseás al perro. Jugué de visitante durante tres meses, todos los días un partido distinto porque cuando estás en lugares en que ni el abecedario es el mismo, dudás de todo. Una persona con una educación, por lo menos primaria, sabe leer y escribir, y cuando ni eso podés hacer dudas existenciales surgen, emergen desde lo más profundo. No saber con certeza qué comés, qué pedís, a dónde te mandan con indicaciones contadas en minutos y no en cuadras. Todos los días la rutina cambia.

   Viajar liviano fue teórico porque en la práctica no paré de cargar, no solo lo material sino que también, las decisiones que durante todo el año había tomado. Sin trabajo, sin saber qué hacer con mi vida, por solo nombrar algunas, pero permitiéndome eso, elegir desde cero, elegir desde el ver qué quiero, encontrar nuevos propósitos. Todo suena muy idílico, muy típica de la generación de ahora que “no sabe lo que quiere” y viaja a lo exótico por las dudas, porque está de moda o porque pintó. Hay mucho de eso que es cierto, todos queremos pertenecer a algo, sentirnos involucrados. Nos influyen millones de cuestiones día a día y últimamente la imagen. Los conceptos y mandatos cambian. Antes a mi edad había que estar casada y mínimo un pibe. Hoy, te la debo. Que me siento parte de una generación más volatil, sí, que me siento parte de una generación con la oportunidad de vivir diferente su día a día, también, que me siento parte de un grupo de personas que no sabe lo que quiere, levanto la mano y te digo presente. Pero la verdad que considero que está buenísimo. Tener la chance de no saber qué quiero hacer, me empuja a buscar e intentar cosas nuevas y entre todo eso rescatar aquello que se identifica con la Graciana adulta en la que me estoy convirtiendo (los años pasan y ¡chabón me encontré una cana!). Ser volatil y cambiante me da la libertad de elegir no estancarme en una rutina y hacer mi día a día un poco más memorable. Saber que el alquiler está más caro que viajar, al carajo vivir sola, tengo toda la vida para eso. Hoy, tengo otras opciones y agradezco ser de esas jóvenes que tiene esa posibilidad. Todo lo que aprendí en estos últimos meses no me lo saca nadie, nada. Que viajar no te soluciona la vida, de acuerdo, pero que me la moldeó y me hizo mejor, pongo las manos al fuego. Lo que no mata fortalece y si bien uno puede viajar roto o entero cualquier forma te evoluciona en algo distinto. Volví recargada, volví para alimentar y hacer crecer mis nuevas metas y a lo cabeza dura, hacerlas nacer y dármela contra la pared. Vivir es un poco eso, crecer y hacer y un montón de verbos en infinitivo. Volví, por cliché y trillado que se lea, feliz y agradecida.

One Reply to “Volví.”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: