Premio al mejor compañero.

No es que quiera hacer chapa de eso pero salí elegida “mejor compañera” ocho veces durante mis años de colegio. Un montón si tenemos en cuanta que Primaria y Secundaria, en Capital Federal, suman doce años de formación y educación en la vida de alguien. No obstante, si bien siempre lo consideré un gran reconocimiento, hoy, me lo replanteo. Cuestiono cada una de las medallas porque representan, no sólo que hice cosas bien, sino que también, que hice cosas mal. Para con el resto, un muy bien diez, aplauso, medalla y beso. Para conmigo misma,  podría haber sido mejor. Trabajando ciertos aspectos de mi vida di con la siguiente conclusión: en mis vínculos estoy pagando tantos años de priorizar a los demás. Lo pienso y me autodigo: “¿quién sos, la Madre Teresa?” y no, lejos estoy de ser esa emblemática mujer. Pero sí necesito quererme más. Muchas personas me retaron porque ante ciertas situaciones no fui lo suficientemente egoísta. Mi error estaba en ponerle a esa palabra un acento negativo. Acostumbrada a su carga social, a todo eso peyorativo que suele tener la palabra “egoísta” nunca le di la importancia que sí le estoy empezando a dar ahora. Para poder tener relaciones y vínculos más completos es necesario ser sanamente egoísta. Ponerse en primer plano para eventualmente compartir el papel protagónico. Los intereses ajenos son importantes siempre y cuando se hagan valer los propios. Ser mejor compañero no es sólo ser bueno, solidario y toda la sarta de adjetivos calificativos que el o la docente enumera uno tras otro frente a una clase, naturalizando esa “única verdad”.  De por sí, no estoy de acuerdo ya con ese pseudo premio. Deberían enseñarnos un poco más no sólo de cuestiones académicas/ artísticas, sino también, de temas más sensibles. A mí me hubiera venido bien que me dijeran más seguido que las palabras no tienen carga, que el sentido se lo ponemos nosotros. Como di a entender antes, ser un poco más egoísta me hubiese ayudado en mis vínculos.

Vale aclarar, no es que haya sido una sufrida y mi vida una mierda. Todo lo contrario, tuve suerte en muchos sentidos, tengo casa, salud, me enamoré, me rompieron el corazón, me volví a enamorar, me volvieron a romper el corazón y contenta espero enamorarme de vuelta. Tengo amigos y familia y me considero una persona feliz, pero ahora trabajo en llenar la palabra egoísmo de buenos significados y connotaciones, en abrazarme más. Básicamente en darle otros sentidos a mi vida.

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