Todos tenemos un tsunami y un terremoto

Ya lo cantaron Freddy y David, ya lo venían sintiendo los “baby boomers”, hoy el 90% de las enfermedades o trastornos están relacionados a esta palabra, “estrés”. Año 2017, no hay muchos cambios, la presión está en todo y todos, implícita o explícita, legítima o censurada. La presión no discrimina género, color, edad, no le importa si sos un niño, un adolescente o un adulto, en potencia o ya bien vivido. La presión avanza, a paso firme, segura, la idea más gráfica que se me viene a la cabeza es la de un tsunami. Una catástrofe natural, una mega ola que por culpa de un terremoto o sismo, algo ajeno a ella, algo que cala más profundo, visualmente casi imperceptible pero que se siente, da a lugar a esa ola que nace, se forma, crece y arrasa. No importa qué o quién esté delante, la ola va, va, va, va, cada vez más fuerte, cada vez más intensa, va, siempre adelante, ella va. Después de la tormenta, siempre llega la calma, pero después de un tsunami, no es calma, es reconstrucción, es paciencia, es desastre, es empezar a ganar calma de nuevo. La presión en mi vida, mi tsunami de hoy, pasa por lo laboral, por ver qué carajo puedo hacer para sentirme con menos ansiedad, sentirme satisfecha. El problema es que mi terremoto, eso que desencadena mi tsunami, es el reconocimiento, es que la gente diga “pero mirá que bien”. Es tener seguidores y gente que guste de mí y de lo que tengo y hago. Ya hay series y libros que tiran un centro respecto a lo triste y peculiar de que la vida se mida y pase por cantidades, por “followers” y “views”, eso aparentemente marca el éxito en cada uno. Error.

Todos tenemos un tsunami y un terremoto.

Lo que rescato de mis tsunamis y de mis terremotos es que me educaron para ser capaz de permitirme cuestionarme todas estas cosas y no naturalizarlas tan fácilmente (o al menos eso creo). El trabajo duro es después del tsunami, sin dudas, ya me pasaron varios, amorosos, de crecimiento. Al ya saber como es un poco el mecanismo uno empieza a tomar las medidas necesarias que si bien, nunca van a ser suficientes, te ayudan a estar lo más arriba posible para cuando llegue el agua. Las herramientas útiles para un tsunami: la experiencia, la gente que te rodea y la confianza en uno mismo. De nuevo, el trabajo más duro es el de volverse a parar, reconstruir cuando no quedó nada, transformar el caos en un paraíso, básicamente, lo más duro, crecer.

Mierda que es lindo vivir.evolucion

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