Bancar los trapos.

La Navidad resulta una fecha polisémica, cada quien la vive como se le antoja. Si bien cada año en lo personal fue variando, el eje, la esencia, siempre es la misma. Madre que planifica y familia que obedece. Si bien la Navidad en sí no es el punto de la historia en cuestión, resultó ser un gran disparador. El verano pasado elegí irme con alguien de vacaciones. Elegí irme de a dos con todo lo que eso implica. Convivencia, decisiones, manejos, gustos. Lo viví como una suerte de ensayo de cuando me toque ir (más de un fin de semana) con alguna eventual pareja. Mi conclusión de la experiencia: funcionamos. Messi con cualquier otra pelota hace ruido, no cuaja, ahora si es con una de fútbol, todo cierra. Cuando uno sabe que algo va a salir bien que va a andar, es simplemente confiar en ese impulso y disfrutar. En ese casi mes de viaje la conexión de WiFi mental operó a la perfección. Cada charla, cada borrachera, cada experiencia, cada situación no deseada se volvieron mejores, dejaban de ser ordinarias, comunes, para evolucionar en forma de anécdotas, de memorias. Esta Navidad no solo agradezco esas vacaciones sino que también agradezco su amistad.

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