Velada.

Se conocieron por casualidad en una bolsa de madera. Hacía calor y la cera las volvía resbaladizas, como mojadas. Compartieron unas hermosas 17 cuadras. Mimo de acá, mimo de allá, que tu pabilo, que el mío. Fue amor a primera vista, un potencial fuego crecía más y más. La humedad las unía cuerpo a cuerpo. Estaba escrito, como si se conocieran de antes. Escalón uno, escalón dos, tres, cuatro, cinco, un funicular, rampa y de pronto, velas.
Casi que de la mano fueron puestas una al lado de la otra. Había chispa, había algo. Lorena y Matías se apagaron hace un año. Catalina, su hija, por unas horas, volvió a darles luz.

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